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La palabra trauma muchas veces nos asusta, pues la hemos escuchado tanto con una connotación negativa que preferimos evitarla.  Sin embargo, el trauma está mucho más presente en la vida cotidiana de lo que pensamos.

Podemos entender el trauma como una experiencia que tiene la capacidad de generar un cambio a nivel neurológico y sensorial.  Citando al Dr. Gabor Maté, el trauma es la experiencia o la herida que se formó a partir de un suceso específico.

Un mismo evento, dos experiencias

Imaginemos que dos personas tienen un accidente automovilístico.  El copiloto se ve más afectado por la posición en la que iba, mientras que al piloto solo le genera un poco de alarma.  Ambos viven el mismo evento, pero uno de ellos guarda memorias más intensas: haber sido lastimado, ver la sangre, ser llevado en ambulancia, escuchar las sirenas.

Con el paso del tiempo, el copiloto sigue sintiendo ciertas sensaciones cada vez que pasa por el lugar del accidente, mientras que el piloto no reacciona de la misma manera.  Esto muestra cómo un mismo evento puede generarnos experiencias y memorias diferentes, lo que a su vez produce sensaciones corporales totalmente distintas.

La herida, la cicatriz y el cuerpo

Por eso es tan importante validar la experiencia y la herida que generó dicho evento.  Podemos tener una herida que cicatriza con el tiempo, pero también podemos ignorarla (disociarla), tratar de olvidarla, y aun así seguir siendo lastimados por ella.  Tal vez la consciencia ya no la muestra, pero el cuerpo sigue manifestando su existencia.

El trauma es, entonces, la experiencia que nos llevó a tener sensaciones que de manera consciente no tendríamos y que se desencadenaron a raíz de lo vivido.  Todo evento genera una experiencia, pero no toda experiencia se convierte en trauma, como vimos en el ejemplo anterior.

Cuando ocurre un evento traumático, el cerebro recibe demasiada información al mismo tiempo y manda indicaciones al cuerpo y al sistema nervioso periférico para intentar gestionarla.  De ahí surge la frase: “el cuerpo lleva la cuenta” o “el cuerpo tiene memoria”.

Si no hacemos conscientes las emociones y las memorias, el cuerpo seguirá intentando gestionarlas sin lograrlo por completo.  Esto puede dar lugar a otras emociones (ansiedad, dolor, asco, rabia, etc.) y sensaciones físicas (sudoración, sensación de ahogo, cansancio extremo, entre otras).

¿Qué busca la psicotraumatología?

El objetivo de la psicotraumatología es resignificar la herida, permitiendo así que se forme una cicatriz.  Sabemos que una cicatriz es la evidencia de que hubo una herida y una historia, pero ya no duele ni nos incapacita: es el recordatorio de la experiencia y, sobre todo, del aprendizaje que generó.

Como psicotraumatóloga, mi trabajo es acompañarte a hacer consciente la experiencia y, por lo tanto, la herida que dejó el evento.  Juntas y juntos exploramos qué hizo tu sistema nervioso y tu cuerpo para sobrevivir y tratar de sanarla, para que hoy puedas mirarla con más comprensión, menos miedo y más recursos internos.

Esther Medel Portillo

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