La ansiedad es una alarma interna que nos avisa del peligro. Esta emoción es necesaria para la sobrevivencia. Generada desde la amigdala cerebral al hipotálamo y de ahí detona a todo el cuerpo.
Es como un detector de humo que puede activarse con un gran incendio o con un poco de humo de cigarro; es decir la amigdala no reconoce si es un peligro real o imaginario. Por ello busca regular estas alarmas tratando de procesar esta información al no lograrlo manda indicadores al cuerpo y este manifiesta las sensaciones que comúnmente experimentamos.
Muchas personas viven en procesos ansiosos sin saberlo. La ansiedad puede manifestarse de formas muy distintas, buscando evitar el peligro y estar a salvo
Algunas manifestaciones frecuentes incluyen:
- Preocupación constante.
- Alerta permanente, como si algo malo fuera a pasar.
- Dificultad para concentrarse o para tomar decisiones sencillas.
- Tensión muscular.
- Dolores de cabeza.
- Molestias digestivas.
- Cambios en el sueño.
- Cansancio constante.
- Irritabilidad o hiper reacción.
- Palpitaciones, respiración agitada o sensación de ahogamiento.
Y no todo esta mal, ya que conocer lo que nos esta pasando nos permite ponerle nombre a aquellas sensaciones que nos mantenían alerta es decir trabajar con la ansiedad nos permite darnos cuenta que no es un monstruo que quiere destruirnos sino un mecanismo regulador que nos permite cuidarnos, conocernos y permitirnos estar en un estado de bienestar.